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Encuentros cercanos de tipo estelar.

Los movimientos de más de 300.000 estrellas cartografiadas por el satélite Gaia de la ESA revelan que los encuentros cercanos con nuestro Sol podrían perturbar la nube de cometas situados en los márgenes del Sistema Solar y, en un futuro lejano, enviar algunos de ellos hacia la Tierra. Dado el desplazamiento del Sistema Solar por la Galaxia y el de otras estrellas por sus trayectorias, los encuentros cercanos son inevitables, si bien la idea de ‘cercanos’ en este contexto implica billones de kilómetros de distancia.Dependiendo de su masa y su velocidad, una estrella necesitaría penetrar en un radio de unos 60 billones de kilómetros antes de empezar a tener efecto en la lejana acumulación de cometas que forma la Nube de Oort, situada, según los expertos, a 15 billones de kilómetros del Sol, 100.000 veces la distancia de la Tierra a nuestra estrella.

En comparación, Neptuno, el planeta más alejado, orbita a una distancia media de unos 4.500 millones de kilómetros, o 30 veces la distancia de la Tierra al Sol.La influencia gravitatoria de las estrellas que pasan cerca de la Nube de Oort podría perturbar las trayectorias de los cometas situados en ella, arrastrándolos hasta órbitas que los llevarían al interior del Sistema Solar. Se cree que esta influencia sería responsable de la aparición de algunos de los cometas que cruzan nuestro cielo con una frecuencia de cien a mil años, e incluso podría empujar los cometas a una trayectoria en la que impactarían con la Tierra u otros planetas.Comprender los movimientos pasados y futuros de las estrellas es uno de los principales objetivos de Gaia, que a lo largo de sus cinco años de misión recopilará datos precisos sobre posiciones y movimientos estelares. Tras 14 meses de trabajo, recientemente se hizo público el primer catálogo  de más de mil millones de estrellas, que incluye las distancias y desplazamientos por el firmamento de más de dos millones de ellas.

Gaia.

Al combinar los nuevos resultados con información ya existente, los astrónomos comenzaron una búsqueda detallada y a gran escala de estrellas que pasaran cerca de nuestro Sol. Hasta el momento, se ha realizado un seguimiento de los movimientos respecto al Sol de más de 300.000 estrellas y se ha determinado su máximo acercamiento en un margen de cinco millones de años en el pasado y en el futuro. Así, se ha descubierto que 97 estrellas pasarán a unos 150 billones de kilómetros, mientras que 16 entrarán en un radio de unos 60 billones de kilómetros. Aunque se considera que estas últimas 16 estrellas pasarán razonablemente cerca, destaca especialmente el encuentro cercano de una estrella, Gliese 710, dentro de 1,3 millones de años. Se prevé que pasará a tan solo 2,3 billones de kilómetros—unas 16.000 veces la distancia entre la Tierra y el Sol—, penetrando en la Nube de Oort.

La estrella ya se ha documentado adecuadamente  y, gracias a los datos de Gaia, recientemente se ha revisado la distancia estimada para el encuentro. Antes, había una certidumbre del 90 % de que pasaría a entre 3,1 y 13,6 billones de kilómetros. Ahora, con unos datos más precisos parece que lo hará a entre 1,5 y 3,2 billones de kilómetros, probablemente a 2,3 billones de kilómetros.Además, aunque la masa de Gliese 710 es un 60 % la de nuestro Sol, su movimiento es mucho más lento que el de la mayoría de estrellas: a casi 50.000 km/h en su máximo acercamiento, en comparación con la media de 100.00 km/h. La velocidad de su paso implica que tendrá mucho tiempo de ejercer influencia gravitatoria en los objetos de la Nube de Oort, por lo que podría enviar multitud de cometas al Sistema Solar. A pesar de su lentitud, en el momento de su máximo acercamiento será el objeto más brillante y rápido que aparecerá en el cielo nocturno.

Hay que destacar que el último estudio realizado empleó las mediciones de Gaia para realizar un cálculo general de la frecuencia de encuentros estelares, teniendo en cuenta incertidumbres como estrellas que podrían no haber sido observables en el catálogo existente. Durante un periodo de cinco millones de años en el pasado y en el futuro, se calcula que la frecuencia de encuentros total sería de unas 550 estrellas por millón de años en un radio de 150 billones de kilómetros, de las cuales unas 20 podrían acercarse a menos de 30 billones de kilómetros. Eso equivale a un encuentro ‘cercano’ potencial cada 50.000 años más o menos. Debemos tener en cuenta que no hay garantía de que una estrella vaya a perturbar a ningún cometa de forma que acabe entrando en el Sistema Solar y, aunque así fuera, de que la Tierra vaya a quedar en el punto de mira. Estos cálculos se irán perfeccionando a medida que se publiquen nuevos datos de Gaia. El segundo lanzamiento está previsto para abril del próximo año y contendrá información de 20 veces más estrellas, algunas de ellas mucho más distantes, lo que permitirá efectuar reconstrucciones hasta 25 millones de años en el pasado y en el futuro.

Créditos:esa

 

Un fragmento único, originado durante la formación de la Tierra, vuelve tras miles de millones de años congelado.

Un cometa “Tailless Manx”, procedente de la nube de Oort,

aporta pistas sobre el origen del Sistema Solar.

Los astrónomos han descubierto un objeto único que parece estar hecho de material interno del Sistema Solar de la época de la formación de la Tierra. Este objeto se habría conservado en la nube de Oort durante miles de millones de años. Observaciones llevadas a cabo con el Very Large Telescope de ESO y el Telescopio Canadá Francia Hawai, muestran que C/2014 S3 (PANSTARRS) es el primer objeto descubierto en una órbita cometaria de período largo que tiene las características de un asteroide prístino del Sistema Solar interno. Puede proporcionar pistas importantes sobre cómo se formó el Sistema Solar.En un artículo que se publica hoy en la revista Science Advances, la autora principal, Karen Meech (de Instituto de Astronomía de la Universidad de Hawái) y sus colegas, concluyen que C/2014 S3 (PANSTARRS) se formó en el interior del Sistema Solar junto con la propia Tierra, pero fue expulsado en una fase muy temprana.Sus observaciones indican que, más que un posible asteroide contemporáneo desviado hacia fuera, se trata de un cuerpo rocoso antiguo. Como tal, es una de las potenciales piezas fundamentales para formar planetas rocosos (como la Tierra) expulsado del Sistema Solar interno y conservado en el congelador de la nube de Oort durante miles de millones de años.Karen Meech explica la inesperada observación: “Ya sabíamos de la existencia de muchos asteroides, pero todos han sido “cocinados” por el calor y la cercanía del Sol durante miles de millones de años. Este es el primer asteroide “en crudo” que hemos podido observar: se ha conservado en el mejor congelador que hay”.

C/2014 S3 (PANSTARRS) fue originalmente identificado por el telescopio Pan-STARRS1 como un débil cometa activo a una distancia de algo más de dos veces la distancia Sol-Tierra. Su largo período orbital actual (alrededor de 860 años) sugiere que su origen está en la nube de Oort, y fue empujado hace relativamente poco tiempo a una órbita que lo acerca al Sol.Inmediatamente, el equipo se dio cuenta de que C/2014 S3 (PANSTARRS) era inusual, ya que no tiene la característica  cola que tienen la mayor parte de los cometas de período largo cuando se acercan tanto al Sol. Como resultado, se ha bautizado como un cometa Manx, por el nombre dado a esta raza de gatos sin cola. Unas semanas después de su descubrimiento, el equipo obtuvo espectros de este débil objeto con el Very Large Telescope de ESO, instalado en Chile.Estudios cuidadosos de la luz reflejada por S3 C/2014 (PANSTARRS) indican que es típica de asteroides conocidos como de tipo S, que generalmente se encuentran en el cinturón principal de asteroides interior. No parece un cometa típico, de los que se cree que se forman en el Sistema Solar exterior y son helados en lugar de rocosos. Parece que el material ha sufrido muy poco procesamiento, indicando que ha permanecido profundamente congelado durante mucho tiempo. La débil actividad cometaria asociada a C/2014 S3 (PANSTARRS), coherente con la sublimación del hielo de agua, es aproximadamente un millón de veces inferior a la de los cometas activos de período largo situados a una distancia similar del Sol.Los autores concluyen que este objeto probablemente está hecho de material fresco del Sistema Solar interior que ha sido almacenado en la nube de Oort y ahora está volviendo hacia el interior del Sistema Solar.

 

Hay una serie de modelos teóricos capaces de reproducir gran parte de la estructura que vemos en el Sistema Solar. Una diferencia importante entre estos modelos es lo que predicen acerca de los objetos que componen la nube de Oort. Diferentes modelos predicen proporciones significativamente diferentes de objetos helados y rocosos. Este primer descubrimiento de un objeto rocoso procedente de la nube de Oort es, por tanto, una prueba importante de las diferentes predicciones de los modelos. Los autores estiman que serán necesarias entre 50 y 100 observaciones de estos cometas Manx para distinguir entre los modelos actuales, abriendo otra rica vía en el estudio de los orígenes de nuestro Sistema Solar.El coautor Olivier Hainaut (ESO, Garching, Alemania), concluye: “Hemos encontrado el primer cometa rocoso y estamos buscando otros. Dependiendo de cuántos  encontremos, sabremos si los planetas gigantes bailaron por todo el Sistema Solar cuando eran jóvenes, o si crecieron tranquilamente sin moverse mucho”.

Vía:ESO

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Impresionante ovni del tipo cigarro captado en vídeo HD: